En busca de la moda sostenible, una ruta hacia otro fondo de armario antes de 2030

La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta, en parte, por el impacto de las plantaciones de algodón y la emisión de microfibras en el agua. Se hace urgente dar paso a la moda sostenible.

La forma en que vestimos es una extensión de nuestro estilo de vida y en muchos casos incluso de nuestra forma de pensar, se habla mucho del estilo propio, pero lo cierto es que cada vez más los estilos se estandarizan e incluso el no tener estilo se encasilla dentro de una categoría.

El vestir es una necesidad básica, la presencia de marcas condiciona nuestros gustos o son más bien nuestros gustos los que marcan tendencias, se generan puestos de trabajo nuevos como “influencers”, “personal Shoppers”….

La industria textil genera alrededor de 300 millones de empleos en el mundo. En Asia, la producción de artículos de moda representa ya el 40% de los puestos de trabajo industriales. De acuerdo con Clean Clothes Campaing, 1 de cada 6 personas en el mundo trabaja en un trabajo relacionado con la moda, y el 80% de la fuerza laboral en toda la cadena de suministro son mujeres.

Igualmente se encuentra el sector de la alta costura, marcas consolidades con gran trayectoria que siguen subsistiendo en el tiempo y manteniendo sus estándares de calidad tanto en la confección (normalmente hecha a mano) como en los materiales. En este campo intentan abrirse camino nuevas promesas y las pasarelas de moda mundiales se ven nutridas anualmente de nuevas propuestas, es un arte en crecimiento.

The Economist señala que se fabrican alrededor de 80.000 millones de prendas al año, FastFeetGrinded cita que 20.000 millones de zapatos y en torno a 60.000 millones de completos, vale decir que estamos hablando de 62 millones de toneladas.

Aunque las cifras anteriores no sean nada desdeñables curiosamente un 30% de estas prendas nunca llegan a venderse y la economía mundial pierde cada año 460.000 millones de dólares por las prendas que la industria desecha (esto supone 12.8 millones de toneladas de desperdicios).

Desde el año 2020 el consumidor promedio ha incrementado sus compras en un 60% (las ventas por internet en plena pandemia crecieron exponencialmente), sin embargo, de acuerdo con otros datos, al parecer el 40% de lo que compramos lo usamos sólo una vez o ninguna, cuántos de nosotros no pensamos en este momento la de veces que decimos que no tenemos nada que ponernos cuando nuestro armario en realidad está lleno.

Dejando huella en el planeta

Si el consumo continúa a su ritmo actual, se necesitarán tres veces más recursos naturales para 2050.  Según el estudio The Sustainable Fashion Blueprint 2018, elaborado por alumnos de la Cambridge Judge Business School en colaboración con el marketplace Mamoq, la industria de la moda es la segunda más contaminante, en parte, por el impacto de las plantaciones de algodón y la emisión de microfibras en el agua.

  • Según un informe de la Universidad de Cambridge, por cada kilogramo de tejido textil producido globalmente se consume 0.6kg de petróleo equivalente y se emiten 2kg de Co2 a la atmósfera.
  • En promedio, el 14,4% de la huella hídrica de la industria está relacionada con la producción industrial de ropa. Alrededor de 1,5 millones de toneladas de microfibras de plástico provenientes de fibras como el polyester, el nylon o el acrílico acaban en el océano por el lavado de las prendas (Ellen MacArthur Foundation).
  • Para conseguir cubrir la demanda de fibras provenientes de la celulosa, cada año se cortan entre 70 y 100 millones de árboles. Si pusiéramos estos árboles en línea, darían vuelta a la tierra 7 veces. Un 30% de esto árboles provienen de bosques con especies en extinción.

Creación de empleo, luces y sombras

En contraposición a la gran creación de empleo que supone y  aunque la industria textil paga mejor que las economías locales de los países en los que produce, solo 14 millones de personas cobran justo por encima del salario mínimo, que es menos de la mitad del salario digno (Banco Mundial, y Global Fashion Agenda).  Por no hablar del trabajo infantil,  por ejemplo, más de 1 millón de niños trabajan en los campos de algodón de Uzbekistán.

La importancia de cambiar a la moda sostenible

La moda sostenible o “slow fashion” se caracteriza por cumplir diversos factores o criterios en sus procesos de fabricación que la distinguen de la moda convencional o “fast fashion”.

Vale decir, que, respondiendo a un esquema circular, tiene en consideración las características de la producción en sí (por ejemplo, el consumo de energía de la industria), los materiales utilizados (naturales o reciclados), las condiciones laborables del trabajador en cuanto a salario y cuidado de las condiciones de trabajo, así como también el tipo de embalaje utilizado para los productos y su distribución. 

Dentro de este modelo, entran las marcas Eco, el mercado de ropa de segunda mano y el upcyclin, entre otros.

La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta, en parte, por el impacto de las plantaciones de algodón y la emisión de microfibras en el agua. Se hace urgente dar paso a la moda sostenible.
La moda sostenible debe enfrentar muchos retos pero es la única salida posible para evitar el derroche de recursos.

El mercado de segunda mano

El ritmo de crecimiento del mercado de segundo mano es del 16% anual (los negocios tradicionales no crecen más del 3%).  Estados Unidos, generó en los últimos 3 años, ingresos por 24.000 millones de dólares y se espera que en 2023 el volumen alcance 51.000 millones de dólares (Thredup), es decir, será mucho mayor que el mercado convencional de prendas nuevas.  Esto amplía considerablemente la vida útil de las prendas y las hace más amigables con el medio ambiente.

Por género, los compradores de segunda mano son mayoritariamente mujeres (64%) y por edades se tiene:

  • Los Millenials (entre 25 y 37 años) son el 33%
    • Los Boomers (más de 56 años) son el 31%
    • La generación Z (de 18 a 24 años) representa el 16% del total de consumidores,
    • Los X (de entre 38 y 55 años) son el 20%.

Cambios en los hábitos de consumo, buenas noticias

De acuerdo con estudios de Nielsen, entorno al 66% de los consumidores mundiales están dispuestos a pagar más por productos y servicios de empresas comprometidas con el medio ambiente.  Un 57% renunciaría incluso a cierto nivel de calidad si ello contribuye a mejorar el cambio climático.

A su vez, la industria tendrá que adaptarse para generar nuevos modelos productivos. El informe Financing the Transformation in the Fashion Industry: Unlocking Investment to Scale,  indica que la inversión deberá estar en torno a los 20 o 30 mil millones de dólares, pero de  otra manera la continuidad del modelo actual supondría unas pérdidas en torno a los 52 mil millones  en el año 2030. En sentido amplio, se habla de sostenibilidad no sólo en términos ecológicos si no también como una manera de salvaguardar los beneficios y la continuidad de las propias empresas.

Muchas marcas de alta costura están recurriendo al Upcyclin, reciclaje que consiste en fabricar objetos de mayor valor a partir de otros de menor valor, entre ellos se encuentra la casa de moda Maison Margiela, Vetements, la francesa Marine Serre, la japonesa Sacai o Viktor&Rolf.

Vivienne Westwood  a quien apodaron la “guerrera ecológica de la moda” puede presumir que más del 90% de sus tejidos están hechos con monomaterial o mezclados con materiales de la misma categoría,  lo cual incide en que sean mucho más fáciles de reciclar. Sus últimas colecciones están cumpliendo el objetivo a largo plazo de erradicar las fibras sintéticas vírgenes, eso es la moda sostenible. Igualmente, Stella McCartney, H&M, Zara han creado marcas ECO.

Vivienne Westwood, la “guerrera ecológica de la moda”

Coco Chanel fue una gran diseñadora de moda francesa que revolucionó el mundo de la alta costura con la sencillez y elegancia de sus diseños, una de sus frases emblemáticas fue que “La MODA no existe sólo en los VESTIDOS. La MODA está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con las IDEAS, con la forma en la que vivimos, con lo que está sucediendo”, a día de doy cabría añadir a su definición la sostenibilidad, quizá una mujer de avanzada como ella la habría incluido.


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