Muchos gerentes piensan que ser muy respetados y tener esa misma opinión ante los ojos de los superiores de las corporaciones que los emplean es una garantía de estabilidad y éxito en el futuro.
Sin embargo, los mejores resultados del pasado, el logro de un crecimiento sin precedentes en 2019, la asistencia a innumerables cursos de formación y la lectura de muchos libros sobre liderazgo, no prepararon a los directivos actuales para el 2020 o 2021.
¿Tenemos los líderes, gerentes y directores adecuados para estos tiempos difíciles? ¿Están nuestras empresas, corporaciones y PYMEs preparadas para trabajar con personas que vienen heridas a trabajar? Esta será una nueva realidad laboral para las empresas y los individuos que perdieron algún familiar en la «batalla» contra la Covid-19.
Investigaciones realizadas, después de epidemias anteriores, centradas en las consecuencias psicológicas de un brote de una enfermedad infecciosa —el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) en 2003, la influenza H1N1 en 2009 y la exposición ocupacional al VIH— indican que la prevalencia media del Trastorno de Estrés Postraumático (también conocido como TEPT) entre los profesionales de la salud era aproximadamente del 21% (oscilando entre el 10 y el 33%); además, el 40% de ellos informó de síntomas de TEPT persistentemente altos tres años después de haber sido expuestos.
Un estudio de las morbilidades psiquiátricas, a largo plazo, entre los sobrevivientes del SARS, reveló que el TEPT era la condición psiquiátrica más prevalente. La proporción acumulada de pacientes con este tipo de trastorno fue del 47.8%, mientras que el 25.5% siguió cumpliendo los criterios del TEPT a los 30 meses después del SRAS.
Utilizando esta información como línea de base, se realizó una primera encuesta en 2020 que alerta de que alrededor del 50% de los pacientes recuperados del coronavirus sufre de síndrome de estrés postraumático y que, alrededor del 30% de la población en su conjunto, padece de varios trastornos similares.
Los síntomas observados incluyen una fuerte ansiedad, miedo y tensión, acompañados de una constante fatiga, sensación de desinterés, pesadillas o insomnio, la preocupación por enfermarse y problemas de concentración y compromiso.
Por lo tanto, con esta nueva imagen de la fuerza de trabajo y sus necesidades, los que, hasta ahora, fueron métodos de gestión eficaces pueden no funcionar. Este será el momento en que las corporaciones eliminarán a los gerentes que consideren ineficaces e inapropiados, aquellos que ya no son útiles para los empleadores.
Gerentes para el cambio
Si los gerentes no ven la necesidad de cambiar, de ser resistentes y de gestionar esta crisis de salud de los empleados de manera correcta, se volverán obsoletos.
Sin embargo, como siempre ocurre en cualquier crisis, también puede significar una oportunidad para que algunos líderes encuentren dentro de sí mismos la vocación, la empatía y el deber moral de convertirse en una persona o gerente diferente, a pesar de todas las técnicas de gestión aprendidas anteriormente.
Alguna vez, un “buen gerente” fue el que lideró las tablas de productividad y crecimiento, y nadie le preguntó cómo manejaba a las personas. Pero, ¿hoy en día?, ¿en la era de la covid-19 llena de temores y pérdidas?

Hoy en día seríamos ingenuos si creyéramos que el mundo necesita líderes que sigan preocupándose por el crecimiento y las ganancias financieras. Actualmente necesitamos líderes que guíen, motiven y promuevan a sus empleados.
Entonces, ¿cómo manejamos a los trabajadores que vienen a trabajar heridos por el miedo o muestran síntomas de problemas psicológicos?, ¿qué tipo de personalidad o estilo de gestión funcionará mejor para apoyar a los equipos que se sienten decaídos anímicamente y necesitan un sentido de unidad renovado?
Para empezar, cada gerente tiene que hacer el trabajo por sí mismo. Sólo a través de la honestidad, la sinceridad y la aceptación de que uno se siente mal tanto mental como físicamente será posible entrar en una auténtica relación con los subordinados. Un gerente debe ser el primero en aceptar que los empleados necesitan un nuevo comienzo con nuevas reglas de operación.
Áreas de trabajo gerencial
Hay un área muy importante en la que todo gerente debe concentrarse y debe hacerlo metódicamente y con eficacia. La calidad del rendimiento del equipo, el futuro de la empresa y sus líderes dependerán de ello. Los gerentes deben aprender a eliminar con eficacia el miedo de su gente. El miedo lleva a reacciones negativas que pueden paralizar a todo el equipo, cortar las alas de los gerentes y desequilibrar toda la organización.
Los empleados de hoy pueden ser menos eficientes, pero eso no significa que sean perezosos; pueden estar menos involucrados, pero no quiere decir que no quieran ser parte del equipo; pueden estar abrumados por la presión que causa la pandemia, pero no es que no les importe, pueden volverse groseros o estar de mal genio, pero no implica que no les caigas bien. Sucede porque los empleados no están realmente en forma, están sufriendo y sintiendo ansiedad.
Sienten angustia por cuestiones relacionadas a la salud, las finanzas y el futuro de sus familias. Este miedo puede tomar muchas formas, como el autosabotaje, la impotencia aprendida, el escape de los deberes y compromisos o, incluso, la agresión.
Por lo tanto, el gerente de hoy debe entender el papel que la ansiedad puede jugar en los empleados. Sin atacar primero este estado de ánimo, los gerentes no lograrán realizar una nueva tarea o resolver un nuevo problema con el equipo.
8 Consejos para gerentes
Los líderes y gerentes de hoy deben aprender a prestar «primeros auxilios” a su equipo o a los individuos que viven con miedo y agobio. Aquí comparto algunos consejos que pueden considerarlos cuidadosamente y adaptarlos a las realidades de su negocio.
- No exijas siempre un rendimiento del 100%, celebra los logros de metas más pequeñas, alégrate de que tu equipo haya alcanzado el 85%, porque es mejor que el 50%.
- Involucra a todos, no favorezcas a nadie. Todos tienen que sentirse necesarios y útiles, así difundirás una sensación de seguridad en el equipo.
- Organiza una «charla de equipo», tómate un tiempo cada semana para hablar con ellos sobre sus preocupaciones y emociones. No debe hacerse en forma esporádica, debe ser un tiempo permanente y comprometido. Para poder ayudar, el equipo debe ser capaz de confiar en su líder.
- Como líder debes construir la confianza del equipo escuchándolos, mostrando interés en su situación y diciendo siempre la verdad sobre la situación en la empresa.
- Debes cambiar la perspectiva de tu gente a largo plazo. Analiza con el equipo lo que se puede lograr en dos o tres años y esboza objetivos que no sean demasiado ambiciosos pero que sean fácilmente alcanzables.
- Anima a tu equipo a apoyarse mutuamente de forma genuina. No toleres ningún signo de rechazo, crítica o juicio.
- Debes tomarte el tiempo de reunir información de otros líderes y de tu equipo, sin olvidar el valor del uso de tu propia intuición. Un buen líder siempre escucha su intuición y nunca pierde el tiempo.
- Por último, pero no menos importante, proporciona a tu gente acceso a un mentor, coach, psicólogo, director de recursos humanos u otros especialistas que puedan ayudar profesionalmente a aliviar los síntomas de la ansiedad y el síndrome de estrés postraumático.
Un líder con la capacidad de adaptarse rápidamente a las dificultades es una persona que tiene «capacidad de recuperación» y es un activo para cualquier empresa. Ahora más que nunca, un directivo debe escuchar a su gente y estar abierto a cambiar el negocio operado, porque vivimos en un mundo de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad (en inglés conocido como VUCA).
Tú, como líder, siendo una persona en una posición de responsabilidad, sé un líder empático, humilde y solidario. Da y vivirás una vida más rica. Dar enriquece para siempre. La gente nunca olvida a las empresas o los jefes que ponen en primer lugar el bienestar de sus empleados.
Aneta Montaño, posee una licenciatura y MBA en Mercadeo. Se graduó también en Psicología Empresarial para directivos y gerentes de la Universidad Leon Koźmiński en Varsovia, Polonia. Directora general de la empresa polaca Gooday S.R.L.
Mentora del programa de renombre de la Fundación de Líderes Empresariales y de la Academia de Mentores Cristianos de Polonia
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