La informalidad en Bolivia no es solo un problema económico; es un fenómeno cultural y de comportamiento. Mientras no se transforme la percepción moral del consumo, el «mercado de la calle» seguirá siendo el rey.
En el mundo, miles de millones de personas subsisten gracias a la economía informal. Desde vendedores ambulantes hasta transportistas y artesanos, este sector es el motor que permite a las familias llegar a fin de mes. Bolivia no es ajena a este fenómeno; de hecho, lidera las estadísticas globales. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 80,8% de los trabajadores bolivianos son informales, una cifra alarmante frente al promedio regional de Latinoamérica y el Caribe del 48%.
Esta estadística no es solo un número: evidencia que la gran mayoría de la fuerza laboral carece de seguro de salud y de bajas por enfermedad o por jubilación. Incluso la representatividad de instituciones como la Central Obrera Boliviana (COB) queda en entredicho ante un sector informal que la supera ampliamente en tamaño.
El eslabón perdido: el consumidor boliviano
Hasta ahora, la mayoría de los estudios en Bolivia se han centrado en la oferta (¿por qué los negocios no se formalizan?) y han propuesto soluciones técnicas. Sin embargo, se ha ignorado la demanda: ¿Por qué los bolivianos prefieren comprar en el mercado informal? Sin consumidores, este mercado de la informalidad simplemente no existiría.
Junto a los ingenieros Rodrigo Velasco, y Khael Pastor (Universidad Católica Boliviana), analizamos este comportamiento mediante encuestas nacionales. Los resultados desafían las creencias comunes:
- Más allá del precio: Aunque los bajos precios y los ingresos limitados influyen, no son los principales predictores de compra en los mercados informales.
- La moralidad como factor clave: Para nuestra sorpresa, el nivel de moralidad del consumidor es el predictor más fuerte. Existe la percepción de que comprar sin factura es moralmente aceptable. La informalidad se ha normalizado tanto que ya no solo se tolera, sino que se legitima en la vida diaria.
- El círculo social: A diferencia de los países desarrollados, si la familia o los amigos compran en el mercado informal sin culpa, el individuo es propenso a repetir la conducta. Este refuerzo social crea un ciclo de persistencia difícil de romper.
- Eficiencia logística: El consumidor boliviano no es irracional. Elige el mercado informal porque supera al formal en proximidad, horarios más amplios y flexibilidad.

El fracaso de la fiscalización tradicional
Nuestra investigación también reveló que la desconfianza en instituciones, como el Servicio de Impuestos Nacionales, no conduce directamente al consumo informal. Más bien, la debilidad institucional falla en elaborar un «mensaje moral» que vincule el pago de impuestos con el bienestar colectivo.
Para el consumidor boliviano, la informalidad es moralmente neutral. Por ello, las políticas clásicas de amedrentamiento y sanción difícilmente tendrán éxito. Cuando el consumo informal es socialmente aceptado, las medidas punitivas se perciben como injustas o desconectadas de la realidad.
¿Qué camino seguir?
Reducir la informalidad en Bolivia requiere dejar de mirar solo la fiscalización y empezar a mirar la estrategia de demanda. Proponemos:
- Educación cívica y campañas de conciencia: Crear narrativas creíbles que vinculen la formalidad con beneficios públicos visibles.
- Competitividad formal: El sector formal debe mejorar su accesibilidad, conveniencia y presencia digital para competir con la «agilidad» del mercado callejero.
- Formalización gradual: Facilitar la transición mediante herramientas digitales que no impliquen costos de entrada excesivos.
Sobre los autores:
El Dr. Boris Christian Herbas Torrico, boliviano, es profesor investigador en el Tecnológico de Monterrey y académico reconocido internacionalmente. Su trayectoria integra la estadística avanzada, la ingeniería industrial y el comportamiento del consumidor para analizar la toma de decisiones en contextos globales.
Rodrigo Velasco es investigador en Innovaciones sociales y especialista en gobernanza y políticas públicas.
Khael Pastor es ingeniero industrial por la Universidad Católica Boliviana y actualmente se desempeña como supervisor de producción y calidad en Industrias Lorenzo, en Barcelona, España.
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