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viernes, febrero 23, 2024
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MASTERCHEF: ganó la televisión

Hace un año y algo más, se me ocurrió la genial idea (sí, es sarcasmo) de meterme a la producción de un programa de televisión. Hablaré de esa experiencia después. Para los fines de esta columna, solo diré que eso me llevó a ponerme las pilas para buscar auspiciadores y visitar agencias publicitarias en busca de marcas que quisieran anunciar en mi programa.

Lo curioso fue encontrarme con colegas que me sugerían la idea de dejar de lado el proyecto porque “la tele está muriendo” y que mejor le metiera con todo al digital. Algo de razón les daba. La popularidad de Facebook en nuestro país hace que 9 de cada 10 internautas tengan una cuenta en esta red, sumando 7,6 millones de usuarios; Instagram y sus 1,8 millones de usuarios a nivel nacional hacen uso personal y comercial de una red con mucho peso visual, y ni hablar de Whatsapp, casi una norma para mensajería personal, aunque nos bajemos Telegram y Signal (y nunca los usemos) cada que las apps de Meta tienen un problema.

Tik Tok no deja de crecer, con estadísticas que se dispararon en la pandemia e influencers bolivianos muy bien aparcados, con millones de seguidores.

Sin embargo, como pude comprobar después –porque la pandemia pateó varios tableros– la televisión abierta sigue teniendo un alcance promedio de 95%, haciéndolo el medio de mayor llegada a nivel nacional.

El Internet lo sigue muy de cerca, pero claro, decir “el Internet” es hablar de un conglomerado de soportes y aplicaciones que se suman para obtener una estadística muy alta de audiencias sumamente fragmentadas y tan diversas como dispersas. Sí, en algunos segmentos de edad el digital supera a la TV, pero por un par de puntos porcentuales, y con la característica mencionada de heterogeneidad. El cable llegó a un tope de penetración histórica de 46% y el crecimiento del streaming dudo que colabore a ampliar ese número. La idea de ver tus contenidos a la hora y en el lugar que se te cante simplemente es muy tentadora.

La televisión abierta sigue teniendo un alcance promedio de 95%

La reflexión me quedó dando vueltas la cabeza. Y entonces llegó MasterChef, franquicia internacional de éxito comprobado, para desviar las miradas durante unos cuantos meses. Después de mucho tiempo, un mismo programa producido en estas pampas estaba en boca de todos, unía familias frente a la ya-no-caja ya-no-boba, protagonizaba conversaciones de oficina, y cómo no, se volvía tendencia en redes.

No hay problema si no seguiste el programa religiosamente. Nicolás, Dasyl y otros concursantes se hicieron de su hinchada, nos acercaron a nuestra gastronomía, hicieron coincidir a oriente y occidente en un espacio y se lanzaron a la fama desnudando un poco de su alma. “Nos gusta llorar y ver llorar”, dice la comunicadora Claudia Daza.

Televisión ganadora

Vimos y vivimos las eliminaciones de ciertos concursantes como si se tratase de la muerte de los personajes favoritos de nuestras series. Vimos los hashtags volverse tendencia en Bolivia cuando medio país se tornaba #TeamAmanda, #TeamKarent o cuando decían que si eliminaban a Cintia había que convocar a paro cívico y bloqueo. Vimos los memes, cómo no, caricatura y retrato de los eventos culturales de nuestro tiempo. Masterchef, hay que decirlo, conquistó a la gente y nos hizo recordar uno de nuestros comunes denominadores, la gastronomía.

No tenemos ratings (en 2022 da vergüenza decirlo), pero los estudios de audiencia existentes constatarán los picos de popularidad alcanzados por el programa que, si bien se vivió como es norma ahora a dos pantallas (86 mil seguidores en Facebook, 23 mil en Instagram), dejó bien establecido que la televisión abierta está vivita, coleando, presente en todos los hogares, y además lista para el fenómeno de renovación tecnológica que vivimos cada 4 años gracias al Mundial de fútbol.

Ya que nos resignamos a ser irremediablemente malos para patear la pelota, por lo menos logramos unirnos en torno a una cocina, sus concursantes, merengues que se desinflaban y pique machos “minimalistas” que le produjeron cringe a más de un sibarita puritano. Así que por picante que suene, el digital crece, pero no solo, sino en interdependencia con la vieja y buena tele, con quien comparte mesa. Buen provecho para ambos.


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Martin Diaz Meave

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