Mujeres Cactus continúan progresando en este 2021

El colectivo Mujeres Cactus ya tiene a más de 20.000  inscritas y buscan consolidar su organización con grandes objetivos.

Creo que la mejor oración con la que puedo comenzar este reportaje es con esta: “recuperando el tejido social a través de opciones de micro economía ecológica”, porque considero quesin lugar a dudas ha cambiado mi percepción de reactivación económica gracias al trabajo de las Mujeres Cactus.

En teoría todos siempre supimos que el Estado y los modelos tradicionales son los que tienen la “solución” en caso de una crisis económica. Pero con la llegada del virus COVID 19, hemos descubierto muchas cosas, entre ellas, que se están generando nuevos modelos de reactivación de la economía lejos de las teorías acartonadas del capitalismo y socialismo.

Así es como podríamos describir lo que están haciendo un grupo de mujeres emprendedoras organizadas en un colectivo ciudadano llamado “Mujeres Cactus”.

¿Por qué Mujeres Cactus?

Porque como dicen sus fundadoras Carola Mendívil, Giovanna Aguirre, Isabel Dorado e Isabel Cabrera, son mujeres que, como el cactus se adapta a cualquier situación y aun así florecen.

Muchas personas creerán que este movimiento nació en plena pandemia, pero ya había comenzado antes, debido a problemas personales en la vida de Carola, que recibió mucho apoyo de su familia y amigos; en especial de su hermana que la ayudó a cambiar su percepción hacia un mundo lleno de abundancia más espiritual que material.

“Esto empezó con una pequeña cartita, cuenta Carola, para saber qué estaban haciendo las mujeres de este círculo que se planeaba formar. Porque era obvio que muchas habían perdido el trabajo y se estaban reinventado de alguna manera. Al segundo día ya eran 200 integrantes, cuando pensé que no llegaríamos a más de 45 personas”, sonríe Carola al contar; al mes ya contaban con 3.000 integrantes. Ahí entra en escena Giovanna Aguirre que, con su experiencia en ferias, ofrece ayudar a organizar a las mujeres de una manera más directa para poder contar con algo de recursos económicos, tan urgentes en ese momento.

“Hagamos una feria en el patio de mi casa”- le dije a Carola, recuerda Giovanna – “antes de que vengan las elecciones del 18 de octubre del 2020”. Así que se hizo la primera el 10 de octubre, “para lo cual se trabajó con un máximo de 25 expositoras e hicimos mucho trabajo de difusión con los medios”, recuerdan las dos. Giovanna trabajaba en el medio cinematográfico, esto le dio conocimiento y contactos que usó para difundir al colectivo y a la feria, fue todo un éxito.

Mujeres Cactus continúan progresando en este 2021.
Uno de los primeros afiches de las ferias de Mujeres Cactus

Pensaron que tal vez se podría hacer una feria mensual, en vista de la gran cantidad de personas que solicitaban inscribirse en las mismas, pero analizando con las expositoras que ya participaban en otras ferias decidieron hacer un rol de fechas claves que puedan generar buenas ventas.

La siguiente feria fue en noviembre con el doble de asistencia, y en diciembre se hicieron tres ferias que sirvieron para poder generar, no sólo un pequeño movimiento económico para 120 mujeres si no también el poder establecer la marca de Mujeres Cactus en el mercado. Evaluando cuánto se pudo mover en ingresos reales, se estimó que las ganancias fueron entre Bs 500 hasta Bs 5.000. Las ferias se detuvieron debido al rebrote y volvieron en abril.

Hacia dónde va Mujeres Cactus

Ahora que son más de 22 mil  mujeres inscritas en el movimiento, Carola y Giovanna tienen muchos planes, los más concretos y cercanos, empezar con la creación de una fundación que pueda organizar y hacer legal todos los planes futuros del colectivo; también poder ayudar a las mujeres a recibir mayor conocimiento en temas como embalaje y presentación del producto (packaging), tema de administración de fondos, negocios ecológicos, también dar cabida a otro tipo de emprendimientos más tradicionales en el mercado comerciales, pero que han logrado crear una buen nicho de mercado.

Mujeres Cactus quiere marcar la diferencia, no solo desarrollar negocios, sino, negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente y socialmente responsables. Y lo están consiguiendo, aunque las teorías digan que no es posible ni sostenible, muchas mujeres llevan el pan a su mesa con este tipo de negocios.

Tabla de quesos y jamones, de Tierra Andaluz – Sabores que enamoran

También, en un escenario tan complicado como es el boliviano y su política, el modelo que presenta este colectivo y sus creadoras, da la posibilidad de realizar los negocios sin depender de créditos bancarios, sino de la creación de redes de micro economías que se sustenten y generen ganancias desde un ambiente que no tenga, o tenga muy poca relación con las entidades del Estado. Si ellos (alcaldías, gobernación, ministerios, entre otros)  quieren participar, son bienvenidos, pero no para que aporten con campañas tradicionales como el pasacalle o los panfletos impresos, que el final solo genera mucha contaminación y muy poco efecto real de crecimiento.

La demanda por participar en la feria ha logrado que se genere un movimiento de ferias artesanales ecológicas, que sean más libres, porque son hechas en espacios privados para no depender de los espacios públicos y de las autoridades de turno. Sí se coordina con la OTB de la zona, para que se pueda generar un movimiento que involucre a todos los vecinos que al final se convierten en cliente fidelizados.

Estas redes que se generan, buscan también y están logrando, el poder regenerar el tejido social tan dañado por los conflictos sociales y la pandemia, y así poder generar una reactivación que no es de gran impacto, como dicen las teorías económicas, pero están logrando salvar de poco en poco la vida y estabilidad de las familias cochabambinas.

El hecho de que esta ciudad haya tenido que pasar los conflictos generados por el proceso electoral del 2019 y el inicio de la pandemia del 2020 sola, sin la gestión de ninguna autoridad, ha incentivado a la creación de este y otros colectivos que están permitiendo el surgir de otro tipo de economía.

Definitivamente el colectivo Mujeres Cactus es el claro ejemplo de que la sociedad está en búsqueda de generar un cambio de visión de crecimiento económico “buscar soluciones sin necesidad de tener una dependencia de algún ente del Estado y/o corriente política”, parece ser la clave del éxito.

Esto atrae a tantas mujeres porque la usencia de un discurso violento o de confrontación, hace más que las ideas se vayan ensamblando y se vaya construyendo, más bien, reconstruyendo el tejido social cochabambino, en este caso, ojalá prontamente el boliviano.

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El papel del colectivo contra la violencia económica y psicológica

Sin lugar a dudas, la pandemia ha deteriorado mucho el mundo femenino, no solo son el colectivo más impactado por el desempleo, sino también porque la violencia se ha incrementado contra la mujer al igual que con los niños, la mayoría de las veces dependientes de ellas. También es más difícil que la mujer re ingrese al mundo laboral.

En enero de 2021, según el Banco Mundial, se registró una cifra de desempleo del 17,3% en el total nacional, lo que significó un aumento de 4,3 puntos porcentuales respecto a enero (13%) de 2020; donde la población femenina es la más afectada con el 11% de este total de desempleo

El total de la población cesante e inactiva afectada por la cuarentena en Bolivia es de 698.000 personas, de los cuales el 53,3 por ciento son mujeres y 46,7 por ciento hombres.

Esto sumado, al terrible panorama de la violencia de género endémica que hay en Bolivia, casi 24 mil episodios de violencia física, psicológica, sexual y económica, además de 125 feminicidios hasta septiembre de 2020.

Además  a la gran cantidad de mujeres que ya vivían en violencia, se sumaron otras mujeres que no sospechaban que podrían sobrevivir al agresivo virus, pero no a la fiereza de sus parejas, la mayoría, mujeres de clase media profesionales e independientes económicamente hasta antes de la llegada del virus;  para ellas que se está buscando crear un espacio de socorro, porque ha sido también muy golpeada y que al final tampoco recibe ninguna visibilidad para la ayuda, porque al ser mujer profesional se considera que podrían salir adelante solas.

Ahí mismo en el hogar, se perpetró la mayor parte de 8134 delitos de tipo penal. De todos esos crímenes, posiblemente, solo el 1.13%, recibirá un fallo judicial condenatorio, de acuerdo a antecedentes documentados por ONU Mujeres. 

En este triste panorama y siendo el factor económico la principal razón para que una mujer no pueda denunciar una agresión del tipo que sea, ellas tienen un lema, “ante tanta necesidad, el ingenio se activa”, para esto unas entrenan a otras, las ayudan a hacer más efectivos sus emprendimientos, también buscan nuevos nichos de mercado y empezar a usar las redes.

Un paso a la vez

El crecimiento de las mujeres del colectivo es constante, se está trabajando para ayudar a otras mujeres con menos posibilidades como el proyecto Adelante Mujer, que es un colectivo que tiene una casa de acogida para mujeres que, en su  mayoría,  han sufrido violencia física, a quienes muchas de las Mujeres Cactus, ayudan entrenando en nuevos oficios, ubicando en trabajos temporales y ayudando en la formación de nuevos emprendimientos.

La Pandemia COVID-19 también tuvo impactos psicológicos impensables en la población, los podemos analizar a través de un primer acercamiento fue realizado por el IICC(UCB) (2020). Con base en 1532 encuestas (32,5% hombres y 67.5% mujeres) y una media de edad de 32,5 años, se observó que en general el 16% presentó depresión, el 24% ansiedad, el 26% estrés y el 27% impacto psicológico. Las mujeres evidenciaron mayor depresión (7,5pp.), ansiedad (12 pp.), estrés (13 pp.) e impacto psicológico (15pp.) más que los hombres. Por lo que para el colectivo otro aspecto importante, es el de la salud mental y psicológica de las integrantes, en el cual también se trabaja a través de talleres y cursos gratuitos.

Así también, podría llegar a otras ciudades y formar otros grupos similares en ciudades como La Paz, Santa Cruz o Tarija, pero para eso es necesario saber la realidad de cada cuidad y cómo se puede ayudar de manera más efectiva.

Mujeres Cactus, es un colectivo que “se cansó de quejarse y comenzó a ocuparse”, como dicen ellas. Con un discurso de sanación, de conciliación, de paz, para reproducir el tejido social que se ha dañado con tanta violencia.

Sus fundadoras dicen “que efectivamente salgamos de la pandemia siendo mejores personas, con el prójimo y con el planeta que es posible un modelo comunitario y pequeño de reactivación que tenga un efecto multiplicador en la economía. Un modelo que tenga cara de mujer, pero no por eso deje ser de eficiente y eficaz en su gestión, como muchos estereotipos expresan que existe una falta de conocimiento financiero y empresarial de la mujer. Un modelo, que también contemple a varón como parte de la ecuación y de la solución. En resumen, un nuevo paradigma económico y social con el cual redefinir lo que conocemos como reactivación económica”.

Habrá que estar muy atentos a lo que haga el colectivo, del cual orgullosamente, formo parte para ver que las empresas y el estado en sus diferentes instancias, sean capaces de subirse al tren de la reactivación a través de micro empresas ecológicas y de apostar por ellas ayudando efectivamente a su crecimiento.


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