Oleaginosas en Bolivia 2026 o ¿jugar al factor esperanza?


Los pollos de la granja peruana San Fernando están bien alimentados, lo curioso es que su comida se produce a miles de kilómetros, porque los granos de soya base de su dieta diaria, y técnicamente pertenecientes al sector de las oleaginosas, provienen, la mayoría de las veces de Bolivia.

La soya y el girasol, conocidos comúnmente como oleaginosas, son altamente valoradas en la región andina sudamericana por ser ricas en proteínas gracias a que son cultivadas en las fértiles tierras bolivianas. El contenido proteico es muy estimado y, “específicamente en el caso del Perú, las oleaginosas bolivianas son muy requeridas por una ventaja logística clave: mientras la soya boliviana puede llegar hasta allí en unos 11 días, los envíos desde Argentina tardan cerca de 30, explica Ronald Campbell Ivanoff, gerente general de Campivacorp, empresa boliviana dedicada a la compra/venta de estas materias primas”.

Según el empresario Bolivia exporta oleaginosas principalmente a Perú, Ecuador y Colombia, en forma de grano y torta de soya (suplemento proteico) así como de aceite crudo y refinado.

Sin embargo, el sector de las oleaginosas enfrenta desafíos logísticos y regulatorios que condicionan su crecimiento.

Es importante diferenciar a los actores de la cadena. Los productores (sembradores) de las oleaginosas están representados por la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO), que agrupa a cerca de 14.000 productores, principalmente en Santa Cruz, y la Cámara Agropecuaria de Pequeños Productores del Oriente (CAPPO) que reúne alrededor de 4.000 productores interculturales.

Mientras que la industria procesadora de las oleaginosas se agrupa en la Cámara de Industrias Oleaginosas de Bolivia (CANIOB), integrada por IASA, Alicorp, Intagro, Gravetal, Prolega, ETASA, Nutrioil e Industrias Oleaginosas S.A. (IOL).

“Las empresas afiliadas a CANIOB – según David Diez Canseco –  gerente técnico de la entidad, deben informar al Estado sobre sus ventas y exportaciones, como un mecanismo de control destinado a garantizar el abastecimiento interno. La industria cumple con ello y continúa su exportación, así como el abastecimiento al mercado nacional, de ahí que nuestros afiliados, a pesar de las regulaciones impuestas y de los desafíos logísticos, persisten en su trabajo, eso lo denomino jugar al factor esperanza”.

Campo de soya, foto cedida  por Herbalife a Valor Agregado, mayo de 2021

Exportaciones de las oleaginosas en Bolivia y su aporte a la economía

“El sector oleaginoso es uno de los principales componentes de las exportaciones no tradicionales del país. En los últimos años ha representado entre el 30% y el 40% de este tipo de ventas externas, con valores que oscilaron entre 1.500 y 2.500 millones de dólares anuales”, señala Gustavo Jáuregui Gonzáles, viceministro de Políticas de Industrialización.

Según la autoridad, el complejo oleaginoso aporta entre el 5% y el 7% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional de forma directa e indirecta.

Por su parte, Ronald Campbell estima que el aporte directo del sector al PIB alcanzó, en 2025, el 1,9.%

Ronald Campbell Ivanoff, gerente general de Campivacorp/Crédito: Cortesía del entrevistado

Los valores exportados se expresan en las siguientes infografías:

oleaginosas en Bolivia


Más allá de las diferencias metodológicas para medir su incidencia en el PIB, existe consenso sobre la relevancia económica del complejo oleaginoso como generador de exportaciones, empleo y actividad industrial.

Gary Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE)

Gary Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), informa que las exportaciones de torta de soya alcanzaron $us 486 millones en 2025, un 11% menos que el año anterior debido a la caída de los precios internacionales.

David Diez Canseco, de la CANIOB, explica que las exportaciones de harina solvente de soya (HSS) en 2025 fueron afectadas por la menor disponibilidad de grano y los efectos de la sequía de 2024. Sin embargo, desde mayo de ese año se observó una recuperación que alcanzó su pico en julio, con aproximadamente 277.000 toneladas exportadas.

Cifras que explican al mercado exportador de oleaginosas

El asesor en comercio exterior Víctor Hugo Villarroel recuerda que Bolivia exportó alrededor de $us 9.700 millones en 2025 e importó más de 10.000 millones, generando un déficit comercial cercano a los 300 millones.

Víctor Hugo Villarroel, asesor en comercio exterior/Crédito: Cortesía del entrevistado 

En ese contexto, destaca que el complejo de la soya genera más de $us 1.500 millones anuales y constituye uno de los pocos sectores no extractivos con escala significativa dentro de la economía boliviana.

Además, señala que Santa Cruz concentra más del 60% de las exportaciones no tradicionales y que en el primer trimestre de 2026 registró más de $us 450 millones en ventas externas impulsadas principalmente por la agroindustria.

Añade que la harina integral de soya (HIS) representa alrededor del 5,1% de las exportaciones industriales del complejo, aunque suele alcanzar un mayor valor unitario según el mercado de destino.

Las tres empresas con mayor participación en las exportaciones de grano de soya durante 2025 fueron ALPROBOL AGRO SRL, LAGUNA BOLIVIAN AGROTRADER SRL y GRAINLAND SRL, que concentraron el 43,1% del total exportado. ANAPO registró una participación cercana al 11%.

Concentración exportadora de oleaginosas

Campbell, Diez Canseco, Villarroel y los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) coinciden en que los principales destinos de las oleaginosas bolivianas son Colombia, Perú, Ecuador y Chile.

La elevada concentración en pocos mercados expone al sector a cambios regulatorios, comerciales o de precios en un número reducido de países.

Concentración exportadora de oleaginosas

Colombia se mantiene como el principal mercado para la harina y la torta de soya boliviana, seguida por Perú, Ecuador y Chile.

Según Gary Rodríguez, el 88% de las exportaciones de torta de soya se concentró en Perú, Colombia y España durante 2025. En el caso de la harina de soya, las ventas alcanzaron 45 millones de dólares, con una caída del 6% respecto a 2024. Perú absorbió el 99% de las compras y Chile el 1% restante.

Diego Moreno, gerente general de IASA, una de las empresas dedicadas a la molienda de las oleaginosas, señala que su compañía  exporta torta y harinas proteicas de soya a mercados de la región andina y a otros destinos internacionales. Aproximadamente el 80% de su producción se destina a exportación, respaldada por estándares de calidad que le permiten competir en mercados regionales.

Diego Moreno, gerente general de IASA, foto: cortesía de IASA

Para 2026, el sector mantiene un comportamiento estable apoyado en las exportaciones de grano, aceite y harina de soya. Perú concentra cerca del 60% de las compras de aceite refinado boliviano, mientras Colombia absorbe alrededor del 45% del aceite crudo exportado.

El viceministro Gustavo Jáuregui, destaca el desempeño del sector e indica que “contribuye a diversificar la matriz exportadora y reducir la dependencia de hidrocarburos y minerales”.

La ruta de la soya se explica en esta infografía realizada para este reportaje por el equipo de Valor Agregado:

Precios que mueven al sector oleaginoso

Ronald Campbell explica que cerca del 85% de la producción de las oleaginosas se comercializa anticipadamente a través de grandes operadores internacionales, mientras que el resto se destina a compradores específicos y al mercado interno de Bolivia.

Bolivia toma como referencia las cotizaciones internacionales fijadas en el Chicago Board of Trade (CBOT), principal mercado mundial para la formación de precios de la soya. Como actor relativamente pequeño dentro del comercio global, el país comercializa gran parte de su producción siguiendo esas referencias internacionales.

Para julio de 2026 se prevé una caída del precio internacional de la soya, y la tendencia seguirá bajando hasta septiembre de acuerdo al CBOT:

A inicios de mayo de 2026 Bolivia exportó 1.791.851 toneladas de torta de soya por un valor de $us 45.751.002.

Bolivia, proveedora de aceite de soya al mercado internacional

Jáuregui destaca que Bolivia desarrolló una importante capacidad de procesamiento industrial, especialmente en aceite crudo, aceite refinado, torta y harina de soya. Más del 70% de la producción cuenta con algún nivel de transformación antes de ser exportada.

“Exportar aceite refinado es mucho más rentable que exportar harina de soya”, afirma Ronald Campbell. Datos de la CANIOB muestran que las exportaciones de aceite refinado se mantuvieron activas durante toda la gestión 2025.

Tras un primer trimestre afectado por la sequía de 2024 y la menor disponibilidad de materia prima, los envíos se recuperaron desde abril y se mantuvieron regularmente por encima de las 10.000 toneladas mensuales durante gran parte del año. Los mayores volúmenes se registraron en abril, con 16.458 toneladas, y en agosto, con 15.755 toneladas.

De acuerdo a David Diez Canseco, este comportamiento confirma la buena colocación internacional del producto y la capacidad de la industria boliviana para sostener mercados pese a las restricciones de materia prima y a la competencia regional.

El debate sobre las exportaciones suele estar acompañado por cuestionamientos sobre el abastecimiento interno. Sin embargo, los datos muestran que hasta septiembre de 2025 la producción de aceite crudo, procesado principalmente por IASA, alcanzó las 422.495 toneladas, de las cuales 58.725 se destinaron al mercado nacional. En el caso del aceite refinado, la producción llegó a 183.398 toneladas y las ventas internas a 41.015 toneladas.

Según la CANIOB, la diferencia entre los precios regulados internos y los existentes en países vecinos genera incentivos al contrabando y distorsiona el mercado formal.

Campbell considera que, pese a estas limitaciones, el desempeño exportador del aceite refinado continúa siendo uno de los principales puntos fuertes de la industria oleaginosa boliviana.

Infografía proporcionada a Valor Agregado por Campivacorp

Asimismo destaca que Bolivia más que duplicó sus exportaciones de aceite refinado de soya durante el primer trimestre de 2026 respecto al mismo período de 2025. El volumen exportado creció 116% y el valor generado aumentó 129%.

Perú se consolidó como principal destino al absorber el 62% del volumen exportado. Al mismo tiempo, Chile y Colombia registraron fuertes incrementos en sus compras, reflejando una demanda regional sólida para este producto.

No obstante, Campbell advierte que la logística continúa siendo uno de los principales desafíos del sector. La dependencia del transporte terrestre eleva costos y limita el potencial de crecimiento de las exportaciones.

Alicorp Bolivia destina aproximadamente el 70% de su producción de aceites, mantecas y margarinas al mercado interno. Andrés Zaconeta, gerente de Manufactura de la empresa, explica que la prioridad es abastecer a los consumidores bolivianos, mientras que el 30% restante se orienta a mercados externos.

Añade que “Alicorp ha realizado inversiones relevantes orientadas a modernizar y fortalecer sus operaciones en Bolivia. Estas incluyen la renovación de nuestras oficinas corporativas en Santa Cruz y recientemente en La Paz, así como la ampliación de la línea de producción en nuestra planta industrial de Cochabamba, donde se elaboran productos para nuestras categorías de alimentos y cuidado del hogar, más de $us 9,8 millones en los últimos cinco años”.

Andrés Zaconeta, gerente manufactura en Alicorp. Foto: Cortesía Alicorp, 2026

¿Y el retorno de las divisas?

Una de las preguntas recurrentes alrededor del sector oleaginoso es el destino de las divisas generadas por las exportaciones.

El viceministro Gustavo Jáuregui sostiene que estos recursos ingresan al circuito económico nacional a través del sistema financiero y contribuyen a la disponibilidad de moneda extranjera.

Gary Rodríguez rechaza la idea de que los exportadores no retornan las divisas al país. Explica que “una parte importante de los más de 1.000 millones de dólares generados anualmente por el sector vuelve a Bolivia mediante la compra de grano, la contratación de servicios logísticos y el financiamiento de operaciones vinculadas al comercio exterior”.

Por su parte, Andrés Zaconeta señala que las divisas ingresan por canales formales, contribuyen a la inversión productiva y forman parte del circuito económico nacional.

Las grandes limitantes del sector oleaginoso

Aunque Bolivia se  consolidó como proveedor regional de subproductos industriales derivados de la soya, enfrenta desafíos que limitan su competitividad frente a países como Brasil y Paraguay.

“El sector enfrenta desafíos técnicos relevantes, particularmente en productividad, logística e incorporación de innovación tecnológica”, afirma el viceministro Jáuregui.

Para Víctor Hugo Villarroel, el principal problema es estructural. Bolivia depende de corredores hacia puertos del Pacífico con costos elevados y alta vulnerabilidad logística, situación que puede representar hasta un 20% adicional en costos frente a competidores regionales.

A ello se suma una fuerte concentración exportadora. Villarroel advierte que el complejo soya genera más de 1.500 millones de dólares anuales y cumple un papel importante en el sostenimiento de las exportaciones no tradicionales, pero no puede cargar indefinidamente con una parte tan significativa de la economía nacional.

Otro desafío es la brecha entre la capacidad industrial instalada y la disponibilidad de materia prima. Según datos de la CANIOB, Bolivia cuenta con capacidad para procesar cerca de 5,5 millones de toneladas de grano por año, mientras que la producción nacional suele ubicarse entre 3,2 y 3,5 millones de toneladas.

La diferencia, cercana a los 2 millones de toneladas, limita la producción de aceite, harina y otros derivados, reduce el potencial exportador y genera capacidad ociosa en las plantas industriales.

David Diez Canseco considera que parte de esta situación responde a políticas que durante años priorizaron el control de precios y el abastecimiento interno por encima de criterios orientados a mejorar la productividad y la competitividad.

Mientras Bolivia mantuvo restricciones a la biotecnología y controles sobre determinadas exportaciones, Brasil y Paraguay ampliaron el uso de semillas mejoradas, incrementaron rendimientos y generaron condiciones más estables para la inversión y el comercio exterior.

Las diferencias no solo responden a factores productivos, sino también regulatorios. Los productores de esos países tienen acceso a un mayor número de eventos biotecnológicos aprobados y operan en mercados más predecibles.

Entre las principales restricciones históricas identificadas por el sector se encuentran:

RestricciónEfecto sobre el sector
Cupos o autorizaciones de exportaciónLimitaron la planificación comercial y la atención de mercados externos
Precios fijados administrativamenteRedujeron márgenes y distorsionaron señales de mercado
Obligación de vender subproductos a determinados sectoresAfectó la libertad comercial de la industria
Controles sobre aceite refinadoImpidieron ajustar precios internos pese al aumento de costos
Restricciones al comercio exteriorDesincentivaron inversión, producción y ampliación de mercados
Falta de reglas establesGeneró incertidumbre para la planificación empresarial

Fuente: CANIOB, mayo de 2026

Desde la perspectiva gubernamental

El rol gubernamental durante el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), fue de una fuerte regulación al sector de las oleaginosas, porque según se explicó en su momento, las medidas aplicadas al sector buscaron garantizar el abastecimiento interno y evitar incrementos de precios en productos considerados estratégicos para la canasta familiar.

En 2025, el entonces Ministro de Desarrollo Productivo y Economía Plural, Zenón Mamani suspendió las exportaciones de soya, luego que se produjera un alza en el precio del aceite comestible de origen vegetal en los mercados bolivianos y un encarecimiento de los derivados como la torta de soya, que es utilizada para alimento balanceado del sector pecuario. El Gobierno vinculó esta alza con una supuesta escasez del grano, mientras los productores adujeron falta de diésel, encarecimiento de insumos y la falta de dólares.

En enero de 2026, el ministro de Desarrollo Productivo, Rural y Agua, Oscar Mario Justiniano, junto al viceministro de Comercio y Logística Interna, Gustavo Serrano, informaron que el Gobierno nacional eliminó trabas a la exportación de soya y deja sin efecto el control de precios y cupos de subproductos de soya entre productores.

Ahora bien, el Sistema Integrado de Información Productiva (SIIP) refleja este cambio según los reportes que se actualizan mensualmente:

https://data-bolivia.produccion.gob.bo/producto/soya

Gary Rodríguez considera que las principales limitantes al sector están vinculadas a la seguridad jurídica, la estabilidad de los mercados y la necesidad de políticas públicas orientadas a mejorar la productividad y la competitividad.

Además, advierte que fenómenos climáticos como sequías e inundaciones han afectado significativamente la producción durante los últimos años. Como ejemplo, recuerda que una reciente sequía provocó pérdidas superiores al millón de toneladas de grano de soya.

Otra gran limitante es la logística caminera. Toda la soya se exporta por carretera. Los sucesos del bloqueo de 51 días entre mayo y junio de 2026 demostraron que esta medida afecta directamente al desarrollo del sector de las oleaginosas, en todas sus etapas productivas.

El sector oleaginoso, ¿puede jugar con la esperanza?

A pesar de las dificultades, la industria de las oleaginosas mantuvo su actividad exportadora, continuó generando empleo y aportó divisas a la economía nacional. Sin embargo, diversas fuentes coinciden en que su desempeño podría ser considerablemente mayor con más disponibilidad de materia prima, estabilidad regulatoria y mejores condiciones para la inversión.

Para Diego Moreno, gerente general de IASA, la contribución del sector trasciende la producción industrial.

“Somos parte de una cadena que genera empleo, movimiento económico, exportaciones y oportunidades para miles de familias bolivianas. Además, aportamos valor agregado mediante la industrialización de la soya y el girasol, generando divisas que ayudan a dinamizar la economía nacional”.

Moreno añade que la empresa brinda semillas, fertilizantes, fitosanitarios, análisis de suelo y asesoramiento técnico especializado para mejorar la productividad agrícola, además de promover capacitaciones y transferencia tecnológica para una producción más eficiente y sostenible.

Más allá de las diferencias entre el sector público y privado, existe coincidencia en torno a tres desafíos centrales para la cadena oleaginosa boliviana:

  • Insuficiente disponibilidad de materia prima.
  • Exceso de regulación.
  • Controles sobre precios y comercialización.

Si estas limitaciones se redujeran y existieran reglas más estables para la inversión y la producción, la industria tendría capacidad para procesar más grano, exportar mayores volúmenes y ampliar su aporte a la economía nacional.

Jáuregui recuerda que las oleaginosas cumplen además una función estratégica para la seguridad alimentaria, abasteciendo el mercado interno de aceites comestibles y suministrando insumos esenciales para la avicultura, la porcicultura y la ganadería.

Un motor de empleo para Bolivia

El complejo oleaginoso figura entre los mayores generadores de empleo del país.

Según estimaciones del sector, el eslabón agroindustrial genera entre 5.000 y 7.000 empleos directos, principalmente en plantas industriales, logística, mantenimiento, administración y control de calidad. Si se considera toda la cadena productiva, la cifra asciende a aproximadamente 35.000 empleos directos.

De acuerdo con ANAPO, el complejo oleoprotéico de la soya y sus derivados genera además al menos 120.000 empleos directos e indirectos en todo el país.

ANAPO agrupa a cerca de 14.000 productores, principalmente en Santa Cruz, mientras que CAPPO reúne alrededor de 4.000 productores interculturales. A ello se suman cerca de 180.000 empleos indirectos vinculados al transporte, los servicios técnicos, el comercio, la distribución y la comercialización de derivados de la soya, según estimaciones de la CANIOB.

“A veces ese impacto se vuelve invisible porque se observa únicamente la planta industrial o el campo. Sin embargo, alrededor de la cadena se mueve una amplia red de actividad económica que abastece al mercado interno y dinamiza el comercio, la logística y los servicios”, señala el ejecutivo de la CANIOB.

El sector oleaginoso no solo debe medirse por sus volúmenes de producción o exportación, sino también por su capacidad de sostener empleo formal, articular servicios y generar actividad económica a lo largo de toda la cadena productiva.

Quizás por eso el sector oleaginoso boliviano continúa apostando por la producción y la exportación a pesar de las dificultades. Entre limitaciones logísticas, regulaciones, fenómenos climáticos adversos y una creciente competencia regional, productores e industriales siguen invirtiendo, procesando y buscando mercados. En esa persistencia, más que en las cifras, parece encontrarse el verdadero “factor esperanza” que mantiene en marcha a una de las cadenas productivas más importantes del país.

Esta investigación fue realizada con el apoyo del Fondo Concursable de la Fundación para el Periodismo (FPP) en el marco del proyecto Periodismo de Soluciones.