Repercusiones emocionales en tiempos de pandemia 2020-2021

Desde marzo del 2020, periodo en el que se han vivido confinamientos, semi-confinamientos, cierres perimetrales, cierres parciales, cuarentenas se ha analizado el impacto de las distintas medidas en dos ejes: su repercusión en la expansión/ contención de cara a la propagación del virus y las consecuencias directas en la economía. Pero sobre todo hablamos de las repercusiones emocionales.

El debate de si se privilegiaba la salud por encima de la economía o viceversa, o si sin salud no hay economía está aún muy vigente frente a la sucesión de “olas” del virus y de las consecuentes medidas adoptadas para hacerle frente.

Según la FUNDEU (Fundación del Español Urgente) y la RAE (Real Academia de la Lengua Española) la palabra con mayor relevancia lingüística y social del año 2020 fue “confinamiento”, pensábamos que sería COVID pero quizá, según van las cosas, puede que ésta sea elegida, lastimosamente, como la palabra de la década… y ahí se quede. El confinamiento, consecuencia directa del COVID, nos habla de una situación que nos evoca muchos sentimientos, y es que en la mayoría de los casos se  ha vivido/vive como un sacrificio realizado por un “bien mayor”, dicho sacrificio trae a la palestra las consecuencias psicológicas  que conlleva y es que la salud mental de media humanidad (o de la humanidad entera) se ha visto muy afectada.

Seguramente en los próximos años den a luz  distintos estudios sobre las repercusiones emocionales de este periodo, de momento se cuenta con datos no concluyentes pero no por ello menos representativos,  en los cuales muchos podremos sentirnos reflejados. 

La Universidad de Barcelona por ejemplo llevó a cabo un estudio en el segundo trimestre del 2020 donde preguntó por el estado de ánimo  durante la cuarentena, las conclusiones generales fueron que globalmente habían disminuido la seguridad y la alegría junto al optimismo. La muestra analizada se sentía por tanto más insegura, triste, aburrida y más pesimista que antes de la crisis; en relación con los grupos de edad el comprendido entre los 18 a 30 años presentó un mayor cambio – a peor – en su estado de ánimo.

Por otra parte, un estudio sobre Los impactos sociales y psicológicos del COVID 19 en Bolivia, llevado a cabo por la Red ODSSAL, Universidad Católica Boliviana, IISEC y el Instituto de Investigación de ciencias del comportamiento, determinó que del grupo participante  el 16% presentó depresión, el 24%ansiedad, el 26% estrés y el 27% impacto psicológico. Igualmente, el riesgo de padecer estas situaciones se cuadriplicaba mientras el rango de edad era inferior a los 25 años, es decir que hay importantes repercusiones emocionales debido a la pandemia.

Ambos estudios realizados en contextos, países y continentes distintos arrojaron resultados similares.

Son variadas las repercusiones emocionales en tiempos de pandemia 2020-2021. Hay que analizarlas y trabajarlas.
Es importante usar la inteligencia emocional para solucionar las repercusiones emocionales que ha traído la pandemia.

¿Hay algo bueno en estas repercusiones emocionales?

En ocasiones resulta mucho más fácil exteriorizar las “batallas” y estados de ánimos negativos, quizá porque lo que se exterioriza se echa fuera, es una especie de exorcismo emocional, pero lo cierto es que en medio de este desconcierto pandémico también han aflorado comportamientos positivos bastante visibles.

  • La solidaridad, que si bien parte del sentimiento compasivo por quien vive una situación difícil, se manifestó también en hechos,  dígase cuando personas anónimas fabricaban equipos de protección caseros y los llevaban a hospitales o residencias debido a que en ese momento no se podían comprar,  kermeses a la que todo un barrio aportaba para que se recaudasen fondos para que un vecino pudiese pagar el hospital o un tratamiento,  donación de alimentos destinados a familias que se habían quedado en el desempleo, ciertamente hay culturas más solidarias que otras, puede que tengamos el profundo privilegio de pertenecer a una.

Estamos viviendo el tiempo de la empatía, todos podemos comprender los que los demás sienten o afrontan, quizá porque es una manera de comprendernos a nosotros mismos.

  • La Resiliencia, por definición es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a situaciones adversas. Quizá haya sido la capacidad a desarrollar más “recomendada” por los psicólogos en este periodo, y la más aprendida (en algunos casos a la fuerza), quien diga que no se ha reinventado, adquirido algún nuevo hábito y cambiado en este periodo, es que es un aceta en medio de un desierto al que por no llegar, no llegó ni el COVID.
  • La búsqueda de conocimiento/ información.  En la era de las comunicaciones se podría hablar de desborde informativo. Lo difícil ha sido separar la útil de lo accesorio, el bulo de la realidad.  Un estudio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) indica que las noticias altamente emocionales se esparcen mil veces más que los datos racionales. La emoción es un gancho, y por eso la gente tiende a compartir esa información. La información sobre el COVID ha sido y es altamente emocional.
  • Re – situando prioridades. Una gran paradoja es que no solemos tomar conciencia de lo importante que es estar sano hasta que no existe un riesgo elevado de estar enfermo,  así que con esta pandemia el estar pendientes de nuestro salud se ha convertido en prioritario (y en algunas personas, incluso en una preocupación patológica).  Aspecto similar ocurre con el tiempo dedicado a los seres queridos, el confinamiento nos ha unido aún más, o nos ha llevado a añorarnos aún más y a retomar contactos. Por no hablar de lo importante de sentirse libre, de moverse, respirar y relacionarse sin condicionamientos; cuántos desearíamos regresar a nuestro anterior cotidiano pre pandémico y cuánto vamos a valorar algún día volver a disfrutar de lo “simple”.
  • Creatividad.  Mezcla de reinvención y adaptación a la nueva situación, han tenido que echar manos de ella tanto las empresas como como los ciudadanos de a pie,  los hogares por ejemplo se han adaptado como oficinas, colegio para los niños, espacios lúdicos e incluso zona de deporte. 
  • El teletrabajo que muchas organizaciones no contemplaban por su “dificultad” logística,  de la noche a la mañana ha pasado a ser una de las formas predominantes de trabajar (aún como asignatura pendiente su reglamentación). Seguramente esta medida habrá incidido de forma favorable en la productividad que al facilitar además la conciliación habrá aportado al bienestar de muchos trabajadores (según la Red Española de Empresas Saludables las personas más felices permanecen el doble de tiempo en sus tareas, tienen un 65% más de energía y una mayor vinculación con su empresa).  Por adaptarse lo hicieron hasta los vendedores ambulantes que pasaron de vender chicles en las esquinas, a vender mascarillas.

Aún está por valorar si después de este periodo quedaremos más cuerdos que nunca o, todo lo contrario, y con grandes repercusiones emocionales; pero como decía George Orwell “la locura no depende de las estadísticas”.  En este peregrinar en el que a veces vemos el final del túnel y cuando conseguimos salir  descubrimos que hay varios más por los que pasar,  nos queda resistir, desarrollar nuestra inteligencia emocional,  procurar informarnos de fuentes fidedignas para no sucumbir al pánico y seguir haciendo lo correcto (cuidarnos y cuidar de los demás).


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